jueves, 15 de noviembre de 2012

LA POSHUELGA GENERAL Y LAS CIFRAS

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Tal como les anunciábamos ayer, los sindicatos y el resto de organizaciones convocantes de la huelga general insisten en que ha sido un rotundo éxito y que finalmente han participado en la convocatoria casi un ochenta por ciento del total de trabajadores; enfrente, el Gobierno, que asegura todo lo contrario: que no ha sido secundada, que en los organismos oficiales casi ni se ha notado, que los servicios mínimos se han cumplido, que en la sanidad y la enseñanza prácticamente el paro ha sido testimonial… Como ven, no se ponen de acuerdo por razones obvias, puesto que de lo que se trata en definitiva es de ganar el enfrentamiento. En medio de ellos, nosotros, la ciudadanía, que no tiene datos fiables desde los que interpretar correctamente el resultado de la cita. Paralelamente, los que no se atrevieron a abrir sus negocios, los que no tenían claro si acudir o no a su puesto de trabajo, aseguran que temían los piquetes que se paseaban por las calles informando de la huelga, que no siempre actuaron con la corrección que deben si de verdad se quiere respetar la libertad de opción de los ciudadanos.

En nuestra ciudad, el cómputo de participación en la calle ha sido escaso, aunque no tanto en el cierre de comercios, que sí ha sido significativo desde el punto de vista del número, a los que debemos sumar la práctica totalidad de los trabajadores de la construcción y empresas de la envergadura de la antigua Koipe. El resto, pues como ocurre siempre, que a media mañana, cuando comprobó que no pasaba nada y que muchos establecimientos habían abierto, hicieron lo propio y acabaron el día como si se tratara de una jornada laboral normal. De lo que esta actitud supone para la ciudadanía y su futuro, las lecturas son variadas: desde los que entienden que este tipo de citas no sirven de nada, a los que están frontalmente en contra porque aseguran que un paro generalizado hace pensar a la clase política y le fuerza a cambiar sus políticas sociales. Tampoco podemos obviar a los que se muestran radicalmente opuestos a que en las calles sea donde se reclame lo que nos pertenezca. Y así lo hemos visto en las imágenes que las televisiones nacionales nos han servido, con presiones y palos policiales, con menosprecios visibles desde algunos balcones y con asistencias masivas a la convocatoria.

En nuestra comunidad, los sindicatos han cifrado en un 80 % el seguimiento de la huelga general hasta el mediodía, porcentaje que la delegada del Gobierno ha rebajado a menos del 50 %, aunque no ha tenido más remedio que reconocer un paro casi total en la recogida de basuras de las grandes capitales. Afortunadamente, no se han contabilizado incidentes destacables, salvo once detenidos, la mayoría de ellos integrantes de piquetes, y siete heridos leves, cuatro de ellos policías nacionales. Si tenemos en cuenta que en el resto del país la desigualdad en la respuesta ha sido la norma, quizá lleguemos a entender que, cuando ni siquiera en una situación laboral y económica tan complicada y peligrosa para el futuro de la ciudadanía, somos capaces de ponernos de acuerdo, mal, muy mal, tenemos el futuro. El miedo a perder el empleo, el temor a ser atacados por los integrantes de los piquetes, la pérdida de parte del sueldo, etc., han sido determinantes a la hora de contabilizar los resultados generales de la huelga de ayer. Ya son dos las que controla el Gobierno del Partido Popular. A partir de ahora veremos las consecuencias que se derivan de ésta, si es que tiene alguna, por supuesto.