lunes, 26 de noviembre de 2012

LA MUJER SIGUE DESAMPARADA

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Será difícil que estemos de acuerdo a la hora de opinar sobre la violencia de género, pero entendemos que por el momento, aunque aceptemos que se ha hecho y se hace un gran trabajo alrededor de este escabroso y complicado asunto, quizá coincidamos en que el resultado no es desde luego el que seguro esperaban los propios responsables. Al día de hoy la cifra de mujeres asesinadas por sus parejas supera las cuarenta, que hace saltar por los aires las alarmas oficiales y privadas. Es cierto que años atrás por estas fechas ya habíamos superado las sesenta y que esta diferencia por sí misma debía servirnos para animarnos a seguir en la misma línea de trabajo, pero es tan agobiante y absurdo lo que ocurre, es tan desagradable la historia que se desarrolla entre algunos hombres y sus compañeras, que el rechazo que socialmente representa supera con creces cualquier disposición al entendimiento. Se nos ocurre que debían cambiarse las políticas oficiales y privadas, que debían generarse nuevas líneas de trabajo y que debía de dotarse a las mujeres de más y mejores armas con las que defenderse, a sí mismas y a su prole si la hubiera, del maltratador.

El hecho, por ejemplo, que entre las cifras de fallecidas y heridas, entre las vejadas física y psicológicamente, nos encontremos con un número aproximado de mujeres que no firman la denuncia que corresponde para que su pareja sea controlada por la justicia y la policía, o que sean también muchas las que deciden a última hora retirarla y permitir que su hombre vuelva a hogar sin condiciones, cuando menos debe ser valorado como un fenómeno que se basa en el miedo, y no solo a perder su pareja y todo lo que esto conlleva, sino a que no tiene a dónde ir, a dónde dirigir sus pasos. Con la familia que no entiende la situación, con los amigos que no siempre les abren la puerta cuando lo necesitan y con las instituciones mostrando una lentitud desesperante, la verdad es que para pensárselo. Porque, ¿qué puede hacer una mujer cuando es vapuleada en firme por su pareja y decide salir de su vivienda? O también ¿qué le ocurre a una mujer que presenta ante la policía una denuncia por malos tratos y luego vuelve a su domicilio? ¿Qué puede hacer? ¿Esperar a que llegue la policía o prepararse a morir a consecuencia de la paliza que seguro le dará?

Es evidente que tenemos preguntas sin respuesta y que en este tiempo, en este sí o no, el sufrimiento de la mujer maltratada es inmenso, y más cuando de por medio hay menores de edad. La realidad se agarra con fuerza a los asesinatos controlados y creemos que es absurdo intentar rebajar la preocupación que la sociedad comparte en una gran mayoría y que no acaba de entender que esta situación se mantenga y, peor aún, cómo es posible que cualquier desalmado pueda quitar la vida a una persona cuando le venga en gana.

Por supuesto, valoramos las posiciones que desde la clase política nos llegan estos días en que se conmemora la lucha por la erradicación de la violencia sobre la mujer, pero lo vemos como una estudiada pose, como quien tiene que estar allí para quedar bien ante los demás. Por nuestra parte, siempre que hemos tenido oportunidad hemos dejado claro que nuestra posición pasa invariablemente por sentencias contundentes con capacidad para evitar el efecto dominó al que tanto se refieren los especialistas que conocen a fondo este  asunto. Mientras existan dudas entre los jueces, mientras se atienda más a los argumentos amañados que se presentan como atenuantes para conseguir rebajar el número de años de los asesinos que a las razones de la familia de la asesinada, estamos convencidos de que el futuro de las mujeres maltratadas sigue en manos de la suerte.