viernes, 31 de mayo de 2013

LA NECESIDAD DE CONTROLAR LAS BICICLETAS Y SUS USUARIOS ES URGENTE

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La noticia es tan escueta como dramática y dice así: un usuario de bicicleta, italiano, de 54 años, que circulaba por un túnel de la Puerta de Toledo de la capital de España, fue alcanzado por un vehículo patrulla de la Policía Nacional con resultado de muerte. Esto ocurría el pasado lunes y todo indica que la ausencia de señales luminosas en el vehículo de dos ruedas permitió que el conductor no le viera en el interior del paso subterráneo. Como habrán podido comprobar, se trata de un accidente que se basa en la falta de elementos reflectantes en la bicicleta. La posterior precipitación de los acontecimientos no tiene otro origen. Pero como esto ocurre a diario en cualquier punto de cualquier ciudad, de día y de noche, a todas horas, podíamos decir que era de esperar que este accidente se produjera.

No obstante, los usuarios de este tipo de vehículos, sabedores del riesgo que asumen cuando la usan porque la mayoría de ellos son habituales conductores de vehículos a motor, no acaban de aceptar las normas en vigor y las exigencias concretas con las que deben equipar el vehículo en beneficio de su seguridad y no por capricho de nadie. De hecho, en estos momentos, ante la decisión de la actual directora general de Tráfico, de implantar el uso del casco también en la ciudad, escuchamos todo tipo de inconvenientes basados en banalidades y claramente inconsistentes. Es decir, que es la negativa por la negativa a aceptar que nadie ponga la mano sobre la bicicleta, para que cada cual haga lo que le convenga sin prestarle atención al resto de usuarios y no aceptar ningún tipo de señalización que les menoscabe su legítimo derecho, sin limitaciones, a usar estos vehículos cuando quieran y donde quieran. Y nos parece bien, aunque tendrán que aceptar que no todos merecen subirse a una bicicleta precisamente porque el riesgo que representan para sí y el colectivo es enorme.

El atropello de este ciclista en Madrid confirma que es necesaria y urgente la toma de decisiones en torno al uso que se hace de la bicicleta. Una de ellas, concretamente la del casco, forma parte de foros y encuentros especializados. La otra, la posible exigencia de un cursillo de aproximación a la circulación rodada que es probable se le acabe pidiendo a quienes gusten de ésta para desplazarse por las ciudades y fuera de ellas, que tampoco ha sido aceptada por este colectivo ni de buena ni mala gana; sencillamente la han rechazado de plano. Ya lo decíamos la semana pasada: Tráfico trabaja con interés en la decisión de obligar a usar el casco en las ciudades también a los ciclistas basándose en que los fallecimientos del año pasado y de otros anteriores supera los quince anualmente y el convencimiento de que al menos pueden paliarse las consecuencias de estos accidentes. En cuanto a si se exigirá una especie de examen para poder usar la bicicleta, tengamos en cuenta que  a veces, y en este asunto digamos que una gran mayoría parece que trabaja en conseguir que así sea por cómo circulan, el desconocimiento que muestra el ciclista en la interpretación de la señalización es manifiestamente peligroso para él y el resto de usuarios.       


A partir de ahora, cuando el buen tiempo comienza a estabilizarse, la presencia de estos vehículos en calles y carreteras aumentará de forma considerable y, consecuentemente, el peligro que representan a veces por su especial manera de interpretar lo que para ellos es circular con seguridad. Si a todo esto le sumamos que mantenemos en vigor nuestra petición a la autoridad responsable de una señalización concreta que anuncie a los conductores de vehículos de la presencia de ciclistas en carreteras como la del Santuario o la de la Cadena, lo que rogamos a las partes es que asuman su papel con todo el rigor que les sea posible, ya que finalmente lo que importa son las vidas de unos y de otros. Y por lo que sabemos el más débil es el ciclista.