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Como suponíamos al inicio de la
semana, cuando les comentábamos la evolución virulenta que presentaba en
nuestro país la violencia contra la mujer, con nada menos que cuatro mujeres asesinadas
y otra que se salvó de milagro, la situación no ha dejado de generar inquietud
entre la ciudadanía y ha sacado a la calle a cientos de personas a mostrar su
inequívoca posición en contra de los malos tratos. Mientras, como también era
de esperar, los partidos políticos han estado prestos al quite y han salido
inmediatamente anunciando que trabajan en el control de los asesinos y
maltratadores, y que pronto serán introducidas nuevas medidas que imprimirán
una gran capacidad de maniobra a los Cuerpos de Seguridad del Estado, con el
fin de que éstos puedan atender las llamadas de socorro al tiempo que controlar
al supuesto maltratador.
Lo que ocurre es que este tipo de
declaraciones las venimos escuchando desde hace años y por el momento lo que se
dice resultados positivos, no hemos percibido. Es verdad que se implantan
paulatinamente métodos de seguimiento cada vez más eficaces y que han permitido
resolver sin violencia muchos de los casos que controlaban. El hecho es que,
como hemos sabido esta semana, algunos de los asesinos confesos tenían una
orden de alejamiento que no les permitía acercarse a sus exesposas, pero que
cuando ésta, por obra y gracia de la decisión del mismo juzgado que la había
emitido, entendía que ya no era necesaria, ocurría el terrible suceso. Esta es
la realidad y sobre ella debía trabajarse si tenemos en cuenta que esta
situación se ha dado a lo largo de los últimos años en infinidad de ocasiones,
mostrando claramente que existe una vinculación concreta entre los deseos o ansias
de acabar con la vida de las mujeres por parte de sus exparejas que no siempre
termina o apacigua cuando se impone la orden de alejamiento.
Naturalmente, estamos obligados a
aceptar que los responsables de este área en los distintos partidos políticos representados
en el Congreso de los Diputados, trabajan con eficiencia e interés por
erradicar lo que algunos califican de plaga y que nosotros interpretamos como
una muestra más del absurdo machismo que nos acompaña desde la cuna. Sin
embargo, tendrían que agilizar los programas que anuncian están por desarrollar
en beneficio inmediato de los más débiles e indefensos de esta desagradable
historia, que recordemos también están presentes los hombres, que son
asesinados y maltratados por sus mujeres, aunque es cierto que sobre este otro
fenómeno no tenemos la misma información que en el caso de las mujeres. Pero es
un hecho y sobre él se debe trabajar, porque en situaciones de este tipo,
cuando se trata de la vida de personas, no importa el sexo y sí su futuro.
En cuanto a los niños, que finalmente
son los que menos se benefician de la separación de sus progenitores y los que
habitualmente son utilizados como moneda de cambio para que una de las partes
consiga lo que pretende, la
Justicia tiene un gran papel que jugar que por el momento no
percibimos, aunque no dudamos que los tenga en cuenta en todos los casos. Son
los más pequeños los que asumen un rol que desconocían y que les obligará a
recomponer sus vidas, a veces sin edad ni tan siquiera para intentarlo, fácilmente
manipulables y con gran capacidad para entender lo que les interesa, que es lo
mismo que decir que, dependiendo de quién les transmita el mensaje y de la
forma en que lo haga, buena parte de su futuro estará en juego.