viernes, 10 de mayo de 2013

MÁS ESPACIO Y MÁS SEGURIDAD PARA LOS ESCOLARES Y LOS MAYORES

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Los tiempos exigen imaginación cuando de controlar a un colectivo importante de personas se trata, y en este caso está más que justificada la nueva campaña lanzada por la Dirección General de Tráfico, según la cual lo de moderar el uso del vehículo y proponer  medios alternativos de viaje es la primera recomendación que se nos hace para reducir el número de muertos en la carretera. La Semana Mundial de la Seguridad Vial de Naciones Unidas, a celebrar entre el 6 y el 13 de este mes, y el Día Europeo de la Seguridad Vial, que fue el pasado día 6, ha sido elegida por Tráfico para concentrarse especialmente en la seguridad de los peatones porque son los más vulnerables. De hecho, lo confirma el que el número de fallecidos preocupe tan especialmente a la Unión Europea, y es que de las 30.000 personas que perdieron la vida en la carretera el año pasado, más del 20 % eran transeúntes. Es decir, que la realidad muestra una cifra que supera los seis mil atropellos con causa de muerte y que nuestro país aporta más de quinientos anualmente.

Uno de los principales objetivos de la Dirección General de Tráfico es el de proporcionar espacios seguros de movilidad para peatones, aunque no aporta qué tipo de políticas paralelas activará en favor de la consecución de este objetivo. Si acaso, la promoción de zonas infantiles que aporten seguridad a los trayectos de los más pequeños, con la puesta en marcha de caminos escolares seguros, algo que queda muy bien como proyecto, pero que en realidad se trata de una propuesta en la práctica inviable si tenemos en cuenta la localización de la mayoría de los centros escolares. Los que se han creado y que en estos momentos son referencia para la consecución de este objetivo, se basan  en que los menores puedan acudir al colegio y regresar a su casa a pie o en bicicleta a través de caminos seguros. La figura del mayor, que es el grupo de edad que más atropellos sufre,  es también objetivo de esta misma política y se espera que estos mismos espacios o rutas los puedan compartir con los menores.


Evidentemente, la actitud o disposición de los ayuntamientos a este tipo de políticas no será sencilla, y más si deben ser las corporaciones locales las que aporten el dinero para la construcción o delimitación de estos espacios. Por lo tanto, son a los primeros que deberán convencer y de los que necesitarán toda la ayuda posible. Por el momento, lo de lo añadir seguridad en determinadas áreas o zonas de las ciudades para que estos dos grupos de personas puedan disfrutar de un espacio casi exclusivo para ellos es algo que demanda tiempo y esfuerzo económico. No obstante, si aisladamente se consiguiera la implicación de un gobierno municipal dispuesto a mejorar la seguridad en su ciudad, representaría un primer paso de gran valor para el resto de municipios y beneficiaría, repetimos, a dos de los colectivos más dañados por el tráfico rodado.

Lo evitable, por inútil y absurdo, son  las actitudes más o menos creadas para la ocasión, como sería la semana del tráfico y la seguridad vial que finaliza el próximo día 13. Y la razón es por sí misma suficiente, puesto que de lo que se trata es de salvar vidas, y nada menos que las de las treinta mil personas que fallecen anualmente en la Unión Europea por atropellos. Pero si de lo que se trata es que nuestro país se una a este proyecto comunitario y que por ello reciba los fondos precisos para la implantación en las ciudades que así lo pidan, mejor que mejor. Eso sí, que luego se haga un seguimiento para que ese dinero se invierta en lo que se ha previsto, que para lo de manejar el dinero que no es nuestro disponemos de los mejores trileros del mundo, especializados en repartirlo en donde les conviene.