No
todos los fines de semana son iguales, como ha quedado demostrado
entre nosotros, con el fallecimiento de un chico de poco más de
veinte años y un incendio en una vivienda de la calle Ayamonte que,
afortunadamente, ha quedado en un susto, gracias a la intervención
de los bomberos y agentes de las policías local y nacional. La noche
del sábado, por lo tanto, se cerró en nuestra ciudad triste y
sumida en la desesperación, especialmente para los residentes en
Vegas de Triana, en donde vivía este chico. El amigo que se
encontraba con él encaramado en el mismo vagón detenido en la
estación de Renfe, se recupera en el hospital y afortunadamente se
encuentra fuera de peligro. Como les decimos, no todos los inicios de
la semana son iguales, como tampoco lo son las noticias que
compartimos con ustedes, ya que lo que de verdad nos gustaría es que
todas estuvieran relacionadas con la esperanza y no con tan luctuosos
sucesos Pero así es la vida y poco podemos hacer, por no decir nada,
para cambiar el destino. En este desgraciado accidente concurre,
además, que se trata de un chico al que conocíamos, lo mismo que a
su familia, a la que por supuesto les hemos hecho llegar nuestro más
sentido pésame.
Por
delante, un largo recorrido para que esta desgracia se diluya en el
tiempo, aunque sabemos que no será posible para quienes, como es el
caso de su familia, han sufrido la pérdida de uno de sus miembros, y
más teniendo en cuenta la forma en la que ha ocurrido. Es ahora
cuando se nos ocurre concluir en que la vida no está del todo bien
hecha, que alguien debería evitar que los padres dieran sepultura a
uno de sus hijos, por antinatural e injusto. Manuel Ángel era un
chico de su época que el sábado tomó una decisión errónea que le
ha llevado a sufrir un accidente, concretamente por electrocutación,
y de él la muerte. Uno de sus amigos, el que se encontraba junto a
él sobre el techo del vagón, se supone que para hacerse unas fotos,
tuvo la suerte de que, aunque recibió también una fuerte descarga
eléctrica, en estos momentos, como les hemos dicho, se está
recuperando. Repetimos que se trató de una decisión que finalmente
ha resultado costosa para uno de los amigos y de la que ahora todos
se arrepienten. La realidad, no obstante, es que ya nada podemos
hacer que no sea compartir el inmenso dolor que se deriva de la
pérdida de este joven, por demás aplicado, sencillo, nada
conflictivo y con muchas ganas de vivir, y todo un futuro por delante
para hacer realidad sus sueños.
El
papel que nos toca jugar a nosotros en momentos tan tristes pasa
inevitablemente por compartir el terrible dolor que la familia
padece. Son ellos los que de verdad necesitan ahora del apoyo
incondicional de sus más allegados y no menos de sus vecinos y
vecinas de Vegas de Triana, lugar en el que creció Manuel Ángel. A
nosotros, lo que estamos haciendo: informarles del luctuoso suceso de
la manera más suave que sabemos y dejar constancia, como ustedes, de
nuestro profundo sentimiento a toda su familia. Como hemos dicho, por
proximidad con ellos, por su generosidad cuando hemos coincidido en
las diferentes campañas de navidad que hemos organizado a lo largo
de los años, por un afecto sincero que viene de lejos, queremos
hacerles llegar nuestro pésame.