jueves, 6 de marzo de 2014

LAS MUJERES Y LAS INSTITUCIONES

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Este sábado se conmemora un año más el día de la mujer. Y llegamos a este día 8 con nada menos que catorce asesinadas por sus maridos o compañeros y con infinidad de problemas generados por los hombres que les presionan con gran contundencia. Entre ellos, sin duda, destaca el del aborto, que le quieren imponer sin su consentimiento, sin que nadie les haya dado la oportunidad de expresar su opinión al respecto. De haber consultado con ellas y discutida la redacción de la nueva ley, quizá nos hubiéramos llevado todos una sorpresa, especialmente los que la quieren implantar sin consenso. Pero hay más, porque siguen siendo las grandes perdedoras en todas las guerras que se originan a su alrededor, de entre las cuales destacamos la falta de oportunidades para conseguir un empleo. Si ya es complicado para los hombres, su caso es mucho más sangrante, Este año, por ejemplo, en la recogida de la aceituna la presencia de la mujer ha sido casi testimonial, lo que le ha perjudicado enormemente si tenemos en cuenta que muchas de ellas dependen de este tipo de empleos temporales para sacar su familia adelante, en la que o no hay hombre que ayude o porque en ningún caso se aceptan justificaciones. Sencillamente se les niega el trabajo.

Por otra parte, quizá porque existan intereses concretos que busquen la relajación del problema de la mujer frente a la violencia de género, se ha querido rebuscar fuera de nuestras fronteras realidades que cuando menos nos han hecho reflexionar, aunque en realidad el problema siga siendo el que es y a nadie se le ocurre a estas alturas buscar refugio y calma comparando cómo está el resto del mundo en este tema. No obstante, el que en países como Islandia, Dinamarca o Suecia no solo se den casos de violencia de género con la misma virulencia y consecuencias que entre nosotros, sino que duplican el número, sinceramente nos ha descolocado. Y todo porque desde siempre hemos entendido que allá donde la emancipación del ser humano se consigue antes y mejor, en donde la sociedad se desenvuelve en unos parámetros de libertades desconocidos entre nosotros, ni de lejos sospechábamos que la mujer pudiera depender finalmente de un varón que la vapulea cuando le viene en gana. Es decir, lo mismo que ocurre aquí. Y de eso debieran ocuparse principalmente los estamentos públicos y no de cuestionar sus decisiones, y más cuando se sabe de su indefensión y del resultado al que llega después de infinidad de malos tratos físicos y psicológicos.

Por el momento, solo declaraciones de la autoridad responsable de esta área escuchamos; eso sí, todas con un contenido clásico por repetitivo y absurdo por inconsecuente. Y es que no van mucho más allá de mostrar su preocupación por el nuevo asesinato y el consabido anuncio de que hay que hacer más y tomar medidas más contundentes. Las preguntas son: ¿Y para qué demonios están ellos y ellas, si no precisamente para eso, para que sus decisiones eviten o palíen al menos la locura a la que se ha llegado? ¿A quién quieren responsabilizar si son ellas y ellos los que cobran sabrosos sueldos mensuales a cambio de aparecer en las noticias de la mañana con cara compungida exigiendo justicia a quienes las han colocado en puestos de tanto rango? ¿Qué hacen? ¿Para qué ocupan puestos de tanta responsabilidad si luego no tienen poder ejecutivo?
Visto lo visto, no estaría de más que el Gobierno se planteara la viabilidad de tanta dirección general y dedicaran los millones de euros que nos cuestan a dotar a la mujer de más medios familiares y más posibilidades laborales. Desde luego, nosotros estaríamos de acuerdo.