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Hoy les traemos a su consideración a dos colectivos u
organizaciones que no acaban de ponerse de acuerdo en lo fundamental. Ellos son
el gremio de hostelería y el otro la agrupación de cofradías, que mantienen
diferencias considerables y que, precisamente por ellas, no pasa un año en el
que no salten chispas cuando ambas se encuentran en el camino, como es el caso
de semana santa y las cruces de mayo. Por el momento las posiciones son
irreconciliables y convendría que cuanto antes se plantearan eliminar las
barreras que se les separan en beneficio de la ciudad y de sus propios
intereses. En el caso de la agrupación, su situación es la de un grupo compacto
que sabe por lo que pelea y tiene muy claro sus objetivos; enfrente, todo lo
contrario, ya que actualmente los baristas están desmembrados y con un número
muy escaso de afiliados. Evidentemente, este detalle es fundamental para
entender la situación que venimos a presentarles, y es así porque mientras uno
de ellos reclama del otro lo que entiende merece, los de enfrente no saben, no
contestan. ¿Y qué quieren unos y otros? Sencillo: compartir los beneficios
directos que generan las cofradías y hermandades de semana santa éstos y los
otros que de eso nada de nada. Entenderán entonces el porqué del desencuentro y
del malestar existente entre ambos colectivos. A partir de ahora, por tanto,
intentaremos, no mediar entre ambos, pero sí detallarles a ustedes las razones
que les separan parece que para siempre.
La agrupación reclama del gremio de hostelería una
aportación económica acorde con, aseguran, los beneficios directos que les
proporciona el número de personas que sale a la calle a ver de cerca los
desfiles procesionales que ellos organizan. A esta realidad hay que sumarle la
convocatoria de las cruces de mayo, es decir, que si en la semana de pasión
aumenta enormemente la presencia de personas en nuestras calles y,
consecuentemente, el número de clientes que acuden a los bares y restaurantes
en busca de un lugar en donde consumir lo propio de estos establecimientos,
algo parecido ocurre cuando se convocan las cruces, aunque es aquí donde se
consuma la diferencia que viene a ser como la causa que más preocupa y molesta
a los profesionales hosteleros, porque que instalen barras en donde
comercializar todo tipo de bebidas y de comida en forma de bocadillos y tapas
frías, no lo llevan nada bien. De hecho, de este no estar de acuerdo proceden
las desavenencias actuales y las denuncias cruzadas que se hacen, especialmente
en los medios de comunicación. Mientras unos entienden que es intrusismo puro y
duro lo que protagoniza la agrupación o las cofradías que montan su cruz, los
otros reclaman solidaridad económica para sus proyectos. Analizando desde fuera
el asunto es posible que nos parezca causa menor o que ya se podía haber hallado
una solución que beneficiara a ambos, pero la realidad es bien distinta.
El hecho de que el gremio de la hostelería no cuente
con el apoyo suficiente entre los profesionales que la conforman, porque recordemos
que solo están integrados en ella unos cuantos establecimientos, es razón
suficiente para entender en parte la realidad que nos ocupa, aunque, como
asegura la otra parte, ellos no son responsables de que no se encuentren en su
mejor momento. Si la hostelería de nuestra ciudad les exige esfuerzos, estarían
dispuestos a realizar los que sean necesarios para acabar con esta situación,
pero, eso sí, de ninguna forma aceptarían la insolidaridad de los profesionales
hosteleros.