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Desde hace años, muchos, no se
conocía en nuestro país un rechazo tan compartido en contra de la Justicia.
Colectivos, organizaciones y personas han salido a la calle a mostrar su
rechazo a la sentencia dada por el tribunal de Pamplona que ha juzgado a “la
manada”, a los cinco amigos de correrías que ya contaban con otros casos
parecidos, especialmente el protagonizado por tres de ellos en la población
cordobesa de Pozoblanco, con otra chica que denunció tocamientos y violación.
Es más, la inquietud y la tensión social que se detecta en la calle por estos
casos está permitiendo que conozcamos otras sentencias y que se dé prioridad en
los medios de comunicación cuando de difundirlas se trata. Es el caso del señor
que abusó de una mujer al que el juez ha condenado a menos años de prisión
porque, dice, iba borracho. O sea, algo parecido a cuando se produce un
accidente de carretera y el tribunal entiende como atenuante el hecho de que el
conductor fuera drogado o bebido. En casos de este tipo es evidente que los
jueces no tienen en cuenta que antes de emborracharse o drogarse, estando en su
sano juicio, sí estaban en condiciones de decidir si beber o tomar
estupefacientes. Tomar la decisión equivocada lo que debía era agravar las
causas que protagonizan y en ningún caso ser usadas como reducción de la
condena que merecen por sus actos. Se entiende, por tanto, el clamor popular,
las quejas por lo que ven, tanta pancarta, tantos gritos y discursos callejeros
denunciando que las mujeres se están quedando solas en su lucha por la
consecución de sus derechos y, lo que es peor, de su inalienable derecho a ser
respetadas.