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Por fin, desde la Dirección
General de Tráfico se ha decidido que el mundo de las motos es por sí mismo un problema que causa demasiadas muertes y que
entiende necesita de más control, vigilancia y ayuda. Por supuesto, se ha
tratado de unas declaraciones del director general coincidiendo con el gran
premio de España de motociclismo y de las que en realidad no sabemos si
acabarán implantándose o todo lo contrario. Lo cierto es que el mundo de las
motos va por libre desde hace muchos años y que desde los estamentos oficiales
que pueden facilitarle sus movimientos no reciben precisamente facilidades de
ningún tipo. El hecho de que anualmente se superen los doscientos fallecidos en
accidentes de tráfico nos da una idea real de en qué condiciones se
desenvuelven, especialmente cuando tienen que vérselas en la carretera con el
resto de usuarios. Primero, porque el firme de las vías de comunicación no está
en las mejores condiciones y, además, porque pocos son los moteros que asumen
este realidad y circulan sin limitaciones; segundo, porque la ausencia de
biondas o quitamiedos especiales brillan por su ausencia, lo que aumenta
considerablemente las consecuencias de un accidente. Por lo tanto, si la
Dirección General de Tráfico tiene previsto protagonizar el papel de abogado
defensor/reclamador ante Fomento y el Gobierno mismo, exigiéndoles las
inversiones en las carreteras que tanto necesitan, pues muy requetebién; ahora,
si lo que pretende es entonar la misma cantinela, o sea, anunciar que se
instalarán más controles para vigilar más de cerca a estos usuarios, no nos
sirve. La moto en general necesita de una legislación concreta, desarrollada
por técnicos prácticos y no teóricos, que permita la circulación de estos
vehículos en condiciones más seguras. Naturalmente, se acepta que de ninguna
forma se les permita el abuso de sus vehículos en cualquiera de sus modalidades,
es decir, excediéndose de la velocidad
permitida, sin casco, ebrios o drogados y saltándose a la torera las Normas de
tráfico. Que son los menos los que actúan así, de acuerdo, pero que alguien nos
diga cómo es posible entonces que el año pasado se superaran los doscientos
cincuenta fallecidos.
Desde nuestra perspectiva, la
carretera es el mayor enemigo de las motos y sus conductores, y no precisamente
porque esté saturada de tráfico o porque circulen en inferioridad de
condiciones, sino porque el firme de todas ellas está en pésimas condiciones en
general y muy especialmente para los vehículos de dos ruedas, que tienen que
vérselas con todo tipo de trampas y no solo en las vías secundarias, porque las
de primer orden están casi peor. Por lo tanto, participamos de la idea de que
todo aquel que tenga algo que decir en beneficio de una reducción de los
accidentes de tráfico lo haga siendo consciente de que lo que diga puede ser
utilizado en su contra una vez hayamos comprobado que se trataban de palabras
vacías que solo pretendían rellenar presencias. El problema del tráfico es
enorme y, o se ponen de acuerdo los Ministerios que tienen que
responsabilidad en él, o esto no lo
arregla nadie. Por ahora, algo a lo que tan acostumbrado está el Gobierno, de
lanzar globos sonda para captar el pulso de la ciudadanía y actuar en
consecuencia, ni siquiera lo hemos detectado, y lo mismo ocurre con la Junta de
Andalucía y su responsabilidad con la red secundaria, que está cogida con
hilos.