Imprimir
Mañana recorrerá nuestras
calles el patrón de la ciudad, san Eufrasio, que vendrá a recordarnos que es su
onomástica, su día grande. La gran diferencia existente entre el patronazgo del
santo varón sobre Andújar y otras ciudades es tan clara como contundente. Sin
ir más lejos, Jaén, la capital del reino, tiene dos patronas o copatronas. Una,
la Virgen de la Capilla, que cuenta la leyenda que se apareció por las calles
de Jaén y que desde ese día los sarracenos huyeron de la zona y no volvieron a
molestar más a los defensores del recinto amurallado que cerraba la ciudad. La
otra patrona, santa Catalina de Alejandría, que lo fue no porque tuviera
relación con su historia y sí porque el día 25 de noviembre de 1224, que es
cuando se celebra su onomástica, Fernando III entró en la ciudad y desterró a
los árabes que tenían sometidos a sus moradores. Y todo porque el rey tenía la
costumbre de poner a la ciudad bajo la advocación del santo del día de la
conquista. En el caso del patrón, san Lucas, tampoco tiene relación directa con
acontecimientos ligados a la historia de Jaén o su provincia, sino porque el
condestable Iranzo, un personaje parecido a lo que conocemos hoy como delegado
del Gobierno, fue durante años quien dirigió los destinos de la ciudad y quien,
por razones obvias, cuando celebraba su santo, organizaba fiestas de todo tipo,
incluidos los toros. De ahí que se implantara el día 18 de octubre como la
fecha en la que convocar la feria y las
fiestas populares. Dicho esto, podíamos seguir recorriendo otras muchas
ciudades en las que sus advocaciones no tienen relación alguna con su historia.
Andújar, sin embargo, ensalza a san Eufrasio porque fue su obispo, el que la
evangelizó y a la que dio su vida por defenderla. La diferencia es evidente y
de ahí que sobren razones, por ejemplo, para que en su día la diócesis de
entonces lo declarara su patrón.
Decíamos la semana pasada que
la hermandad ha trabajado duro a lo largo del todo el año para que estos días
disfrutemos de unas fiestas sencillas e intensas en las que la ciudad, y muy
especialmente el barrio al completo, participa y comparte. Apoyar sus
objetivos, conseguir sus propósitos y ensalzar a quienes en su día decidieron
honrar la extraordinaria figura del santo varón, está claro que no ha sido
tarea baldía. Al contrario, servirá para afianzar proyectos y consolidar la fe
que tanto define a quienes conforman su hermandad. Andújar debe sentirse
satisfecha por el trabajo que han desarrollado los que están y los que
estuvieron, arduo e ímprobo, que afortunadamente ha sido refrendado socialmente
y que lo podremos comprobar mañana, cuando se procesione la imagen por la
ciudad. Desde 1985, que fue el año de la fundación de la hermandad, que
propició el sacerdote Agustín Láinez, el recorrido ha sido tan intenso como
inmensa su aceptación por parte de la ciudadanía. Láinez demostró que la devoción popular es capaz de evangelizar
una parroquia de nueva creación. Solo era necesario ponerse a trabajar
desde el íntimo convencimiento que merecía
el proyecto para que saliera delante. Y es evidente que él lo consiguió.
Desde entonces hasta ahora, los pasos dados por los componentes de la hermandad
han sido firmes y decididos. Si la fe es verdad que mueve montañas, los hombres
y mujeres de san Eufrasio pueden presumir de que les ha calado muy fuerte en
sus corazones.