martes, 27 de noviembre de 2007

LO QUE NOS CUESTA LA PISCINA MUNICIPAL




Si no fuera porque parte de ese dinero es nuestro y nos gusta que a nuestros impuestos se les saque el máximo rendimiento, no nos importaría que el Ayuntamiento abonara las pérdidas anuales de la explotación de la piscina municipal. La empresa que gestiona la piscina cubierta firmó un contrato-convenio que posiblemente no exista otro parecido en unos miles de kilómetros a la redonda, aunque todo puede ser. Gracias a éste, la empresa se quedará con todas las ganancias que anualmente obtenga y, en caso de que el año se le haya dado mal o que la gestión no haya sido la adecuada, o vaya usted a saber qué otra razón, seremos nosotros, ustedes y nosotros, los que paguemos la diferencia que establecieron las partes en su día sin previa consulta a nadie y con el voto en contra de la oposición. Comprenderán que desde que conocimos este tipo de convenio estemos pendientes de que surja otro para explotar lo que sea, que ya puestos lo mismo nos da el mantenimiento del camposanto o la limpieza viaria o los bebederos de las cientos de palomas que por nuestros cielos pululan. Y es que si a alguno de ustedes le dicen que se hagan cargo de ésta o aquélla responsabilidad municipal, y que no se preocupe si el resultado económico no es positivo, porque el Ayuntamiento se responsabilizará de poner el dinero que sea necesario hasta completar la diferencia, ¿a que contestan que sí, que se hacen cargo de la tarea? Pues nosotros, también.

Y eso es lo que debieron pensar los señores de la piscina municipal, que si la ciudad pagaba los platos rotos, ellos se responsabilizarían de su explotación. Y encima de fuera, porque si se tratara de una empresa de Andújar, por aquello de la solidaridad vecinal, seguro que nos importaría menos. Y luego está lo de que nosotros no usamos de los magníficos servicios que este recinto oferta a sus socios y, consecuentemente, más nos molesta que nuestro dinero, con la falta que nos hace, se use para sufragar las pérdidas de un negocio que no es precisamente de beneficencia. De hecho, como se corra la voz entre la clase empresarial de la ciudad, seguro que más de uno intentará conseguir un contrato de corte parecido, pero eso sí, en el que conste claramente, con letra negrilla, que el Ayuntamiento pagará la diferencia que, a final de año, haya entre el debe y el haber en su contabilidad. Y es que no existe mejor negocio que uno que te permita equivocarte en la compra de material, o de pagar de más por una mercancía que vale mucho menos, o que te excedas en los gastos de representación o en las vacaciones, porque a final de año, presentando facturas y justificantes, nuestros gobernantes sacan el dinero de donde sea necesario y te abonan el déficit.

Puede que alguno de ustedes crea que nos estamos guaseando de algo o de alguien, y nada más lejos de la realidad. El contrato firmado entre la empresa que explota las instalaciones deportivas de la piscina cubierta y el Ayuntamiento está así redactado desde su nacimiento y las partes están obligadas a cumplir las cláusulas si no quieren verse envueltas en líos judiciales. Es verdad que no conocemos las cifras de la cuenta de resultados del negocio de la piscina, pero entiendan ustedes que es para preocuparse si tenemos en cuenta que puede que un año, sin causa justificada ni razón convincente, no pase por esas instalaciones nadie y entonces la factura que tengamos que abonar sea casi prohibitiva. Nosotros, con el permiso de la autoridad competente, creemos que cuando una empresa o persona se hace cargo de la viabilidad económica de unas instalaciones municipales, debe de hacerlo con todas las consecuencias y sin ninguna gracia o característica que lo haga particular ante el resto de contratos.

Es preocupante que a nosotros, a la ciudadanía, nos suban los impuestos siempre que tienen oportunidad, que tengamos que pagar más por todos los servicios que obtenemos de la Casa Consistorial, que estemos a punto de notar en el recibo del agua una subida exagerada y que a una empresa se le compense por las pérdidas que haya podido obtener a lo largo del año de la explotación de un bien municipal. No tratamos ni siquiera de criticar la decisión, que para eso fue aprobada mayoritariamente por andalucistas y populares, pero acepten al menos que no es un buen contrato para la ciudad, que, además de pagarse particularmente los servicios que obtiene del uso de las instalaciones, paga también el déficit que presente la empresa anualmente.