
Las lluvias de ayer nos han devuelto a la realidad y nos han avisado de algunas deficiencias que padece nuestra ciudad. Aunque lo primero que percibimos y sufrimos son las grandes lagunas que se originan en calles y plazas, que tanto nos molestan y que tanto dificultan el paso de personas y de vehículos, detrás de una situación que debió remediarse durante el tiempo que ha durado la sequía que hemos padecido, y que responde en buena medida a una mala ejecución de algunas de las obras realizadas, recordemos que el perímetro de la ciudad está prácticamente recorrido por arroyos, veneros y el Guadalquivir, el gran río que baña parte de nuestro término municipal y que tantos disgustos nos ha proporcionado. Uno de estos silenciosos y aletargados protagonistas es el arroyo Mestanza, que aprovecha la llegada de la lluvia para autolimpiarse de la infinidad de basura que recibe y de la maleza que crece en sus laterales. En esta ocasión, con ochenta litros por metro cuadrado de lluvia caídos en sólo una jornada y no completa, no iba a ser menos y le ha dado ocasión de demostrar con fiereza cuáles son sus verdaderas posibilidades en cuanto a llevarse por delante todo lo que encuentre a su paso el agua que lleva. Afortunadamente no ha llegado la cosa a mayores y hoy todos podemos felicitarnos de que la ingente cantidad de agua que en algunos momentos contenía su débil cauce no haya supuesto peligro para las personas, aunque los daños ocasionados en las propiedades próximas a este arroyo han sido cuantiosos e importantes.
De su mal estado, del peligro que representa y de lo mal cuidada que está la totalidad del cauce sabemos porque los vecinos afectados vienen insistiendo sobre ello y porque hemos tenido oportunidad de comprobarlo personalmente. En época seca, la presencia de todo tipo de animales (todos peligrosos para la salud por la capacidad que tienen de transmitir enfermedades y de causar mordeduras) y el peligro de que se produzca un incendio incontrolado, mantiene alertadas e inquietas a las personas que viven en el entorno del arroyo. Y es que el hecho de que no reciba ningún cuidado, de que nadie le dedique tiempo a la limpieza del cauce y de que se permita el crecimiento de toda clase de vegetación, lo presenta ante quienes lo observan como un desagradable paisaje que, al mismo tiempo, dimensiona correctamente el escaso cariño que tiene el equipo de gobierno a esta parte de la ciudad.
En cuanto al río Guadalquivir, anunciadas y licitadas han sido las obras que asegurarán, según los técnicos, las avenidas de agua que pudieran llegar y que tanto han dañado a personas y bienes durante años y años. No obstante, quizá porque así lo hemos aprendido con el paso de los años, hasta que no esté terminada la intervención prevista por las autoridades no acabaremos de creernos que hayan tenido tal deferencia para con nuestras necesidades, y más si tenemos en cuenta que próximas están unas elecciones autonómicas y generales y que los actuales proyectos dependen en gran medida de su resultado. Por otra parte, analizando con interés el proyecto aprobado de estas obras, comprobamos que no contemplan la eliminación de la presa de Marmolejo, detalle que ha generado inquietud y disconformidad entre los afectados por las anteriores avenidas de agua y la aparición de una asociación ciudadana que no está de acuerdo con esta decisión administrativa.
Finalmente, el otro gran problema conocido y que supuso hace dos años un serio revés para los pobladores de Los Villares es el arroyo de Martín Malillo, cuyas aguas entraron y salieron en varias viviendas llevándose enseres de todo tipo y buena parte de los sueños de sus moradores. Afortunadamente, las obras se iniciaron en un tiempo récord y hoy, dos años después, es una realidad constatable que permite el paso del agua con total normalidad gracias, por ejemplo, a la construcción de grandes muros laterales y una profundidad en su cauce, que ha pasado de dos metros a nueve. El arreglo del Martín Malillo demuestra que cuando se trabaja con eficacia y con interés por solucionar las deficiencias que nosotros mismos hemos originado, las consecuencias se minimizan.
Y de eso se trata, de que las Administraciones implicadas en la solución de los problemas que nos amenazan, actúen en consecuencia y nos faciliten la vida, que no para otra cosa, por cierto, se crearon en su día y las mantenemos con nuestros impuestos.