martes, 11 de noviembre de 2008

LA CLASE POLÍTICA Y USTEDES Y NOSOTROS


La semana pasada les anunciábamos a ustedes que hasta nuestra ciudad vendrían cualificados representantes políticos con los presupuestos del Estado y los de la Junta de Andalucía bajo el brazo, con el único objetivo de rentabilizarlos unos y criticarlos otros. Y así ha sido. Han venido, nos han convocado a sendas ruedas de prensa y en el transcurso de ellas nos han vendido su mensaje, que, aunque no lo parezca, poco tiene que ver con nosotros y sí con el desmedido afán que les ciega de prosperar en sus respectivos partidos. Para los que mandan actualmente, sus presupuestos, además de ser más sociales y solidarios que los del año pasado, llegan en un momento clave para el desarrollo del país y, especialmente, de nuestra autonomía. Para los que andan opositando a la espera de que el voto ciudadano premie su trabajo, más de lo mismo, ya que lo primero que ponen sobre la mesa es una enmienda a la totalidad y a partir de ese momento su dedicación exclusiva pasa por criticar a todo lo que se ponga por delante.

El análisis al que llegan las diferentes formaciones políticas sobre el estado de la economía mundial y la española, por ejemplo, no tienen nada que ver con la nuestra, ya que mientras para ellos de lo que se trata fundamentalmente es de mantener su “status” dentro y fuera de su partido, lo nuestro no va más allá de poder pagar lo que debemos, casi siempre el piso. Así, mientras nosotros dedicamos todo nuestro tiempo a buscar posibles salidas laborales que nos permitan acudir prestos al pago mensual de la hipoteca, las mujeres y los hombres de la política hace tiempo que perdieron de vista este tipo de presiones. Saber que al menos durante cuatro años recibirás fija una nómina mensual de casi un millón de pesetas por ir y venir a Madrid o Sevilla a pulsar el botón del sí o el no que te pida tu grupo político, cambia significativamente la perspectiva laboral de cualquiera. Por eso les decíamos antes que no es lo mismo afrontar el día a día cuando se anda con el trabajo a punto de desaparecer, que es lo que nos ocurre a la gran mayoría, que disponer de uno que, además de proporcionarte una gran cantidad de dinero, te permite escalar socialmente unos peldaños, que es algo que nunca vienen mal.

Por lo tanto, por mucho interés que pongan en relatarnos sus preocupaciones, motivándonos unos, y hundiéndonos otros un poco más en la crisis personal que soportamos cada vez peor, su realidad laboral no tiene nada que ver con la nuestra y, consecuentemente, su perspectiva no nos sirve en la práctica para nada. Y es que mientras unos llevan meses sirviéndose del subsidio de desempleo para poder salir adelante y no tienen perspectivas laborales de ningún tipo, ellos y ellas, los de la clase política, nadan en la abundancia económica, y, lo que es mejor, sin tener que preocuparse de que la empresa les ingrese la nómina a primeros de mes. Por eso, cuando nos hablan de crisis económica lo primero que se nos ocurre preguntarles es a qué crisis se refieren, si a la suya o a la nuestra, porque difieren exageradamente las conclusiones a las que llegaríamos. Y precisamente en esa diferencia reside nuestro desencanto, en que cuando tienen la amabilidad de venir por estas tierras sólo traen palabras, discursos estudiados a conciencia, respuestas concretas a preguntas pactadas, mensajes manidos y estudiadas poses. De lo que a la ciudadanía le interesa porque le preocupa y porque observa cómo se estrecha el cerco de la destrucción de puestos de trabajo, de eso no nos cuentan nada, al menos no quienes poseen el poder, porque los de la oposición juran y perjuran que, si ellos mandaran en el país y en la autonomía, otro gallo nos cantaría.

Ahora les ha dado a los dos grandes grupos políticos por echar mano de la familia y de la pequeña y mediana empresa en todos sus discursos, y los dos se piden a sí mismos esfuerzo y dedicación para que a éstas no les falte de nada. Y lo vemos bien, ya que son las que en realidad mantienen al país trabajando. Lo que ocurre también con este discurso, al menos en el caso del Partido Popular, es que es más falso que la falsa moneda, y en nuestra ciudad tienen sus líderes un buen ejemplo de la incongruencia existente entre lo que nos cuentan y lo que en realidad practican, y si no que pregunten a la pequeña y mediana empresa de la ciudad y de la comarca para saber cómo va el cobro de las deudas que el Ayuntamiento mantienen con ellas.