martes, 23 de junio de 2009

PÉRDIDAS DE TIEMPO QUE HACEN MUCHO DAÑO A NUESTRO FUTURO



De acuerdo con el desarrollo del pleno municipal del pasado jueves, todo indica que el asunto del dinero va a seguir siendo el gran problema de nuestra ciudad durante algunos años. El hecho de que el equipo de gobierno no acepte las condiciones que impone el plan de saneamiento aprobado por mayoría hace unos meses, no sólo anuncia dificultades, sino que muestra el nivel de democracia que rige el Partido Popular, al menos en nuestra ciudad. Con el paso de los años hemos aprendido, entre otras cosas, que son las mayorías las que toman las decisiones y que éstas son de obligado cumplimiento, pero está claro que eso de aceptar que los que son mayoritarios en el pleno decidan por ellos, y que lo son porque representan a un mayor número de ciudadanos, no va con quienes pueden presumir de lo que les apetezca, pero no precisamente de interpretar democráticamente este tipo de situaciones. Es algo que les sobrepasa, que les queda lejos, que les duele y que no asumen sencillamente porque ni se lo plantean. Otra cosa son los discursos y las puestas en escena a las que tanto tiempo y dinero dedican, porque saben que de ellas, ante una ciudadanía con pocas ganas de escuchar sandeces, siempre obtienen beneficio. Plantearse seriamente la importancia del voto mayoritario les supondría una reconversión integral de sus principios a los que está claro que no quieren someterse.

Es verdad que ponen algo más que interés en presentar una imagen en público de ponderación y respeto, de actitud democrática y progresista, pero con sólo volver la vista atrás podremos comprobar que se trata de eso únicamente, de poses escogidas por quienes casi no tienen más papel (con nómina oficial a cargo de la ciudadanía), que jugar en este partido, porque de lo que de verdad importa en la calle no se nos dice nada. A quienes ustedes les cuenten que hace seis años que un nuevo partido político se hizo cargo de nuestra ciudad y que estamos mucho peor, lo más seguro es que no se lo crean. Sin embargo, para los incrédulos, decirles que por el momento la gestión municipal no va más allá de cuidar con mimo la nómina de fin de mes de los empleados municipales (de ahí, quizá, que los sindicatos guarden silencio, y no deberían, porque estamos seguros que se volverá en contra de ellos en cualquier momento), y de controlar las obras que, como en todo el país, se desarrollan con cargo a los presupuestos del Estado y de la Junta de Andalucía. Por supuesto, de inaugurar o en su defecto clausurar cursos, cursillos, carreras deportivas, subidas y bajadas a la sierra, maratones, partidos benéficos, entregas de diplomas o ramos de flores, procesiones, fiestas de barrio, concursos de petanca, placas o insignias de la cofradía o de la peña romera de turno, etc., nos sobra. Por el contrario, de confeccionar el presupuesto municipal en tiempo y forma, es decir, entregárselo a los grupos políticos con tiempo suficiente para que antes del día 15 de octubre puedan aprobarlo, nadie dice nada. Sencillamente se obvia y, como consigna que cumplir a rajatabla, sólo de vez en cuanto alguien anuncia o insinúa que le falta poco al borrador para presentarlo a los componentes del Pleno municipal. Pero como la nómina llega para todos y todas, ¿a quién le importa de verdad que el presupuesto se presente en el plazo que dice la ley, o que llevemos años con prórrogas continuadas de éstos o que se hagan las inversiones que figuran por escrito y que tanto necesita la ciudad? A la chita callando han ido planificando e implantando una decidida política basada en el ordeno y mando que no nos lleva a ninguna parte y que, de hecho, ya ha comenzado a volverse en contra nuestra, que es lo mismo que decir en contra de nuestras posibilidades de crecer. Si acaso, cuando la situación así lo exige y les conviene a sus planes de futuro, echan mano de sus incondicionales palmeros y organizan manifestaciones, pataletas y panfletos gritando a los cuatro vientos que la Junta de Andalucía es la culpable y el ente al que deben dirigirse los ciudadanos descontentos por cómo van las cosas.

A todo esto, organismos que se autoproclaman exclusivamente consultivos y que ejercen de esta suerte sólo cuando les interesa, situándose descaradamente donde conviene puntualmente a los intereses de sus ejecutivos, ahora abogan por la construcción de un nuevo partido político, no sabemos si con la finalidad de controlarlo, que es en realidad su verdadera intención y obsesión: estar sin que se note, o simplemente un grito de auxilio para que alguien nos saque de aquí. Desde luego, oportunidades no le han faltado para lanzar este grito, pero quizá hubiera estado mal visto por la ciudadanía si tenemos en cuenta que en la calle se conoce que fueron estos mismos los que propiciaron el sistema de gobierno que nos rige y las personas que lo hacen.