martes, 1 de febrero de 2011

INICIAMOS FEBRERO CON LOS MISMOS PROBLEMAS QUE EN ENERO



Iniciamos el mes de febrero convencidos de que seremos capaces de superarlo, tal y como hemos hecho con enero. Ni cuesta ni nada nos ha impedido llegar a la cima, aunque ciertamente que con problemas de todo tipo, especialmente los derivados de una economía que presenta claros síntomas de agotamiento. Los que bautizaron la cuesta de enero como complicada y costosa es evidente que acertaron, pero se quedaron cortos a la hora de acotar el período en el que las familias se las ven y se las desean para llegar al final de mes con todos sus integrantes alimentados y los recibos habituales abonados. Y decimos que se limitaron a enero cuando en realidad es febrero el más complicado de superar, puesto que aún no hemos sido capaces de recuperar las fuerzas perdidas durante los treinta y un días del primer mes del año, cuando aparece febrero en el horizonte amenazante y sus peculiaridades exigiendo atención.

Y seguimos quedándonos cortos a la hora de calificar a estos dos meses como los más complicados del año, puesto que desde que la crisis económica plantó sus reales entre nosotros, no creemos que exista un mes concreto en el que podamos respirar tranquilos si antes no hemos controlado los excesos. Es decir, que lo de las vacaciones familiares en la playa o en la sierra, como que no van a poder ser; que los dispendios primaverales y de verano deberemos dejarlos aparcados para tiempos mejores, o que los viajes de fin de semana o de navidad, o de semana santa y puentes, tampoco los disfrutaremos como hasta ahora. Y eso es lo que hay, porque lo del estado del bienestar nos queda ahora lejísimos, y muy especialmente desde que las entidades bancarias dejaron de prestarnos dinero para esta clase de festividades. Entre nosotros, los préstamos de romería, esos que se pedían para montar la carreta, acicalarse de acuerdo con la festividad mariana que celebramos y subirnos al caballo han pasado a mejor vida, porque se ha cerrado el grifo.

Precisamente por todo lo que ocurre a nuestro alrededor, porque sabemos de tragedias familiares y de situaciones económicas extremas, nos llama la atención y nos llena de esperanza la actitud de nuestros comerciantes. Nuestros escaparates han comenzado a llenarse de colorido primaveral, de ganas de vivir, de sueños romeros compartidos y no menos de ilusión porque acaben cuanto antes los malos tiempos que padecemos. La vitalidad que nos transmiten los profesionales del sector nos sirve a nosotros también para confiar en momentos mejores y en que es posible salir de la crisis si entre todos ponemos algo de fuerza y convicción. Es fundamental que seamos nosotros los que marquemos el camino a quienes nos observan convencidos de que hemos perdido la razón, porque si seguimos mirando exclusivamente a la clase política, caeremos en el abismo de la desesperación. El comercio de Andújar, muy por encima de la media de las ciudades de parecida densidad demográfica, repleto de buen gusto y estética en la totalidad de sus escaparates, merecen nuestra confianza y nuestras compras.

Comenzamos febrero con las rebajas sobre las rebajas, que es como decir que han superado su propio esfuerzo y ahora es aún más rentable visitarlos y hacer las compras que necesitemos, y es el momento de que nos concienciemos de que muchos de estos comercios dependen directamente de nosotros y de ahí que debamos adquirir sus ofertas. Entre otras razones, porque en ellos trabajan nuestra gente, y mantener sus puestos de trabajo sólo será posible si hacemos que el dinero salga de nuestras carteras para ser invertido en unos establecimientos que, repetimos, están muy por encima de la media provincial. Y es que desde que la globalización impuso sus leyes, encontramos la misma moda allá donde vayamos, por muy lejos que nos quede y encima más cara.

Los tiempos no están para florituras y menos aún para peligrosos ensayos. De lo que se trata es de ser conscientes de que el futuro de muchos negocios de nuestra ciudad necesitan de nosotros con urgencia y que debemos atender su llamada.