Abundando en los acontecimientos que se desarrollan a nuestro alrededor y ligados a nuestro futuro como lapa a la roca, no conviene que perdamos de vista los movimientos de nuestros gobernantes porque de ellos podemos deducir cómo van las cosas de la economía. Sin embargo, comprobamos que este trascendental apartado no es precisamente, o al menos no lo parece por los movimientos paralelos que capitalizan la totalidad de los Ministerios, objetivo prioritario de quienes vienen decidiendo en nuestro nombre cuáles deben ser las reclamaciones a las que podemos acceder, cuál será finalmente el sueldo que nos mereceremos, qué tipo de Seguridad Social compartiremos incluyendo la paga de jubilación, y qué nos quedará después de las presiones de la banca para que nos hagamos con una plan de jubilación paralelo si no queremos llegar a mayores en la máxima ruina. Es ahí en donde nos gustaría verlos trabajar al tiempo que nos convencen de que no existe más salida viable que la nos proponen. Así se entiende que la preocupación se haya extendido como reguero de pólvora entre la ciudadanía y que actualmente sea de máxima prioridad todo lo noticiable que nos llegue con el sello de decisiones económicas del Gobierno.
Con todo, decíamos ayer, y no conviene que perdamos el tiempo en menesteres menos importantes, que la disposición de los trabajadores y de la ciudadanía en general debe ser solidaria, aceptando las convulsiones de los mercados económicos como ineludibles y aceptando de buen grado que las decisiones políticas se toman en beneficio general y no de unos cuantos privilegiados. Es verdad que cuesta creerlo, que por el momento todas las que hemos conocido tienen mucho que ver precisamente con nosotros, que somos la tropa, y muy pocas, por no decir ninguna, con los que tienen dinero para dar y tomar. Las voces que nos llegan procedentes de los Ministerios de Economía y de Hacienda, por poner un ejemplo, desde luego que no son nada halagüeñas y, al contrario, presagian situaciones conflictivas en las calles de las que harán época. Por otra parte, el que la gran patronal haya puesto a Portugal como ejemplo de país que ha hecho bien sus tareas, que se ha tomado muy en serio los ajustes económicos y que podía servirnos de ejemplo a España, cuando menos es para que nos preocupemos. Entre otras decisiones gubernamentales tomadas en el país luso: la ampliación de la jornada laboral sin aumento de sueldo, la reducción en un cincuenta por ciento de las vacaciones anuales, la subida del IVA hasta un veinticinco por ciento y una desproporcionada subida del precio de los carburantes, además del cobro que se hace a la entrada y salida por las carreteras del país por parte de propios y extraños. Es decir, un abanico de cortapisas legales que los portugueses parece han aceptado convencidos de la necesidad y la urgencia con las que debían ponerse a trabajar a favor de una solución compartida de los problemas económicos de su país. De si se elegirá este ejemplo de medidas drásticas o no para nuestro país, quizá deberíamos tomar nota y entender que los globos sonda que desde todos los estamentos económicos del Estado se viene lanzando en busca de críticas o apoyos, éste podía ser uno que es posible que caiga sobre nuestras cabezas sin permiso ni anestesia que suavice el golpe.
De lo que estamos convencidos es que los temas económicos dejarán de ser noticia algún día, por supuesto, pero no sabemos cuándo, y en ese sin vivir nos encontramos la mayoría: decididos a luchar por lo que se entiende que es nuestro al tiempo que convencidos de que fácil no será. El mejor consejo, con permiso, es confiar en los que mandan y esperar que se apiaden de nosotros. Cuando vivíamos la época de las vacas gordas, esta situación no se preveía. Entonces las conversaciones tenían otro contenido y los problemas se reducían al cambio del coche o la compra de una nueva vivienda o un apartamento en primera línea de playa. Entonces, ¿si fuimos capaces de digerir un momento tan feliz, tan completo y venturoso para todas y todos, por qué no cuando el futuro ha cambiado por completo y nuestras necesidades se reducen al mínimo? Seguro que podremos. Además, si nos creemos los mensajes gubernamentales, se trata de medidas coyunturales que desaparecerán en dos años. Por lo tanto, a esperar.
