Teniendo en cuenta el número de desempleados que controla el INEM en nuestra ciudad, que anda ya por encima de los siete mil y subiendo, se nos ocurre que deberíamos iniciar la puesta en práctica de la solidaridad. Y que conste que en nuestra ciudad sabemos de eso, de ponernos al lado de los más necesitados cuando nos lo piden, aunque en tiempos de crisis como los que recorremos ahora es evidente que no debería ser necesario que nos soliciten ayuda. Nosotros, que venimos organizando anualmente una recogida de alimentos y de ropa coincidiendo con la festividad de Navidad y Reyes, conocemos bien a los nuestros, a nuestros vecinos, de los que solo podemos decir que poseen un sexto sentido unido a los malos tiempos. Y así lo hemos dicho y lo seguiremos afirmando en donde nos pidan opinión, y es precisamente este convencimiento el que nos advierte con tiempo de que las organizaciones que dedican sus esfuerzos personales a atender y ayudar a los más necesitados andan con lo puesto en sus almacenes, que es de donde se surten las familias que lo han perdido todo en el maremágnum de la prima de riesgo, de las recortes, el ibex 35 y los tejemanejes de los banqueros y los políticos.
Está claro que tiempo hemos tenido para saber con quién nos jugamos el porvenir, de sus intenciones y ausencia de sentimientos. La clase política, por ejemplo, que se debe al pueblo, que es de quien recibe el encargo y la responsabilidad de gobernarlo cada cuatro años, está decidida a acabar con lo poco que nos queda. Fue llegar y pegar, de coger el camino de en medio y decidir cuál debe ser nuestro futuro y cómo desenvolvernos en tiempos revueltos. Nuestro papel ha sido relegado a la mínima expresión y a lo único que podemos aspirar es a conservar lo que tenemos aunque eso nos suponga ser sometidos a las imposiciones de la empresa. Por el momento, y nada ni nadie anuncia cambio significativo que nos permitiera deducir que somos tenidos en cuenta donde se toman las decisiones, todo indica que sobre santos y patrones hemos dejado caer nuestro futuro ante la incompetencia de nuestros gobernantes. Y confirmando lo que les decimos son los datos que anuncian el aumento de las apuestas controladas por el Estado, desde la primitiva a la quiniela, además de cupones de la ONCE y los habituales décimos de la lotería nacional.
Lo de enriquecerse de la noche a la mañana es lo que se lleva y más se comparte, aunque no debería de olvidársenos que el que juega por necesidad pierde por obligación.
Volviendo a lo que nos importa, la solidaridad es nuestra opción inmediata si nuestra intención es la de echar una mano a quienes lo necesitan, y les podemos asegurar que son miles. Los tiempos de estar quietos observando cómo discurre el día a día de los que tenemos cerca, han dejado paso a estar a disposición de los demás, de ponernos al servicio de quienes nos pueden aportar experiencia, que son muchos y que llevan años acudiendo a la llamada de los desfavorecidos. Que no tengan que recordárnoslo, que no sea necesario que nos llamen, que mostremos lo mejor de nosotros y nos lancemos a echar una mano a quienes lo necesiten. Y son miles.
