martes, 20 de noviembre de 2012

CUARENTA Y UNA MUJERES ASESINADAS EN LO QUE VA DE AÑO

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Malika era una chica de solo veinte años. Después de una infancia difícil, de diferentes relaciones complicadas y duras, finalmente dejó de existir el pasado domingo acuchillada presuntamente por su novio en el piso que compartían en Parla junto a su hijo, de aproximadamente dos años de edad. Esta es la noticia y poco más podemos contarles a ustedes. Si acaso, que con su muerte se eleva la cifra de mujeres asesinadas a manos de sus compañeros a cuarenta y una. Es evidente que la tendencia sigue al alza y que solo faltaba la crisis para empeorar la situación de convivencia. En el caso de Malika, el supuesto homicida, Mario, de 29 años y nacionalidad española, fue detenido pocas horas después. Carece de antecedentes policiales, pero se sabe que sometía presuntamente a palizas y malos tratos a su pareja casi a diario, ofreciendo un perfil de maltratador nato y con una gran capacidad para someter a su pareja a todo tipo de vejaciones físicas y psíquicas. Del detalle médico se desprende que Malika tenía contusiones en varias zonas del cuerpo y diversas heridas por arma blanca. Por lo que han relatado los vecinos, era habitual que su pareja le pegase y la echase a la calle, donde la mantenía hasta que le permitía entrar de nuevo luego de pasar la noche a la intemperie.

Tampoco en este caso había ninguna denuncia por malos tratos y, consecuentemente, no contaba con vigilancia policial, detalle que es ampliamente compartido en la mayoría de los casos de violencia de género que conocemos conforme se produce el asesinato de alguna mujer. Entre nosotros, lo de las palizas a las mujeres es algo que la sociedad acepta como mal menor, aunque, dependiendo del grado de proximidad o afinidad familiar que tengamos con la víctima, así analizaremos y valoraremos la situación. No obstante, si a la permisividad social a la que nos referimos le añadimos que desde la Justicia se mantiene un escaso y bajo interés por ejemplarizar con las sentencias que se emiten desde los juzgados de todo el país, quizá entendamos que la benignidad con la que habitualmente son tratados algunos de estos maltratadores-asesinos parece que anima a los que andan valorando el sí o no el de acabar con la vida de su pareja a dejar su impronta sobre su compañera de la forma más dañina posible: matándola.

Por lo tanto, por mucho que el Estado se preocupe de hacernos partícipes de sus políticas, que por cierto no son nada del otro mundo; por mucho que desde el asociacionismo se intente llegar a las mujeres que padecen este sufrimiento ofreciéndoles su ayuda, los pasos que se dan hacia un mejor entendimiento y respeto entre la pareja no surten efecto, o al menos no en la medida que se desea, puesto que no debemos perder de vista que nunca falta quien interpreta la situación añadiendo que, aunque se haga poco, ¿cuál sería la cifra de asesinadas de no haber existido política alguna? Y no están exentos de razón, ya que todo es valorable y debe ser tenido en cuenta hasta el más mínimo detalle si de lo que se trata es de llegar al problema preparados para afrontarlo con posibilidades de éxito. Así, tendremos que valorar con generosidad el trabajo del Gobierno y de las diferentes Administraciones territoriales con responsabilidad en este asunto, porque todo sirve, y, en esta línea, cualquier esfuerzo que se realice en favor de erradicar esta terrible lacra social, aunque provenga de un lugar remoto y de escasa incidencia social, debemos tenerlo en cuenta.

Como hemos dicho, la crisis económica tiene mucho que ver  y decir con las cifras de mujeres violadas, maltratadas, vejadas, sometidas y asesinadas. Y es así porque la desesperación no siempre se palía desde la inteligencia y sí desde el rencor y el odio. Sin embargo, con la ayuda y el apoyo de las instituciones y de las propias familias es posible reconducir situaciones terminales que anuncian lo peor y que casi siempre acaban con la vida del más débil de la pareja, es decir, la mujer. A veces desde la sencillez y la humildad se puede llegar a solucionar problemas psíquicos de envergadura que ponen en peligro a familias enteras que acaban excluyéndose socialmente y caen en el pozo que no permite la vuelta atrás.