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Los acontecimientos discurren frente
a nosotros, o a nuestro lado, de forma que, dependiendo del grado de interés
que generen, los dejamos pasar o le dedicamos nuestro tiempo a su análisis. Lo
que sí parece es que de un tiempo a esta parte, quizá por los malos momentos
que corren y en los que estamos inmersos de alguna forma, éstos demanden más
dedicación y, si fuera necesario, esfuerzo para superar cualquier contratiempo.
Por todo esto, los acontecimientos que tuvieron lugar el pasado jueves en el
salón de plenos de la Casa Consistorial ,
en el que nuestra primera autoridad municipal y la portavoz del Partido
Andalucista cruzaron algo más que palabras, y de lo que , por cierto, dimos
cuenta ayer, están alcanzando niveles de complicidad entre la ciudadanía por el
momento desconocidos. Aunque detectamos todo tipo de posicionamientos, lo de
que no está bien eso de menospreciar en público a nadie, y menos a la
representante de un partido político legitimada por los votos de sus
incondicionales, se sitúa por el momento en primer lugar. Y era de esperar.
Entre otras cosas, porque como nuestros representantes políticos han aprendido
a la perfección que en política sirve casi todo, se han posicionado junto a la
más débil de este desastroso asunto y esperan sacar rédito, que las ocasiones
están para aprovecharlas y ésta es una de esas por las que vale la pena
apostar.
Así, no ha faltado coalición o
partido que no haya aprovechado la oportunidad de denunciar el abuso continuado
del alcalde de la ciudad, y como ocurre que éste no tiene precisamente
inmaculado su expediente en temas de esta índole, pues ya se sabe, a dar donde
más duele. Por su parte, el primer edil, al menos al día de hoy, no se ha
defendido como creemos merecía el tema, aunque es verdad que lo ha hecho a
través de las redes sociales, dando la impresión de que, cuando la oposición le acusa
de dirigir la ciudad a través de las opiniones que recibe en sus correos, no
andan equivocados del todo.
No obstante, lo que de verdad
preocupa al ciudadano está estancado en sus demandas desde hace mucho tiempo y
se basa en las necesidades reales que tiene de trabajo, económicas y de futuro.
Por lo tanto, cuando asiste a semejante espectáculo, con los partidos políticos
enfrentados por situaciones que ellos no acaban de entender y que de hecho ni
le preocupan, solo se les ocurre aumentar sus ya de por sí niveles de
desconfianza en todo lo que hacen y, en general, en el trabajo que desarrollan
supuestamente a favor de la ciudad y sus moradores. Y ahora, a ver quién es el
listo o el guapo que acude a los micrófonos y los convence de que sí, de que
están entregados en cuerpo y alma en mejorarles la vida, y que temas como el
del pasado jueves son las excepciones y que la norma es el trabajo duro en la
búsqueda de su bienestar.
Que sí, que es posible que no pase
desapercibido este mensaje y que no falten los que se lo crean, pero la mayoría
hace tiempo que mira para otro lado y le resbala. Las razones no las conocemos,
aunque intuimos que se trata de una compartida y generalizada decepción ante la
realidad que representa el hecho de que no se haya consolidado ni una sola de
las promesas que les dieron firmadas en dípticos y programas de mano. No
obstante, aún están a tiempo de colorear la imagen tan negativa que han
ofrecido a la ciudad entera y de congraciarse con quienes, finalmente, acaban
siendo jueces y parte de su propio futuro. Comenzar a valorar el voto no es
cosa baladí, y más cuando se está haciendo todo lo posible para que la
abstención acabe ganando por goleada.