miércoles, 22 de mayo de 2013

LA HISTORIA DE UN ABSURDO

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La historia de la niña que le fue retirada la custodia a sus padres por una supuesta agresión física ha ocurrido en Baeza, aquí al lado, y ha sido calificada por propios y extraños como una barbaridad. Y no es para menos si nos atenemos al desarrollo de los acontecimientos. Según los padres, que son los que realmente conocen a la niña de once años, desde luego mucho mejor que quienes lo han estado tratando durante el tiempo que ha estado separada de ellos, todo empezó en el colegio, en donde un profesor, ante los picores que obligaban a la menor a rascarse insistente y repetidamente, decidió por su cuenta y riesgo que el asunto no presagiaba nada bueno y decidió, suponemos que con el concurso del director del centro, presentarla ante el equipo médico de urgencias del hospital ubetense, donde se le diagnosticó que los picores se debían a las heridas que le habían producido las quemaduras de cigarrillos que tenía por todo el cuerpo. A partir de ese momento, la sospecha de que de por medio existían malos tratos acabó consolidándose y de ahí a ponerlo en conocimiento de las fuerzas del orden fue todo uno. Dicho y hecho: informe escrito y verbal, y para adelante, que todo es carretera.


Desde ese momento, a la familia se le viene el mundo encima. Órdenes de alejamiento, de no poder contactar con ella ni siquiera por teléfono y de ¡cuidado con lo que hacéis, que la Justicia está cerca! A todo esto, la niña, pobrecita, sola, lejos de su familia, solo sabía llorar y reclamar la presencia de sus padres. Pero sus vigilantes ni siquiera se pararon analizar la situación y llegar a la conclusión de que, presuntamente, a una niña que sus padres le queman el cuerpo siempre que tienen oportunidad, ni de lejos se le ocurriría llamarlos para que vinieran a socorrerla. Pero no. Ellos a lo suyo, convencidos de que el castigo al que estaban sometiendo a la menor era lo mejor para ella.  
       
Consecuentemente, la familia está convencida de que la retirada de la custodia se debió a un cúmulo de errores de apreciación de todas las personas que participaron en la decisión de alejarla de ellos. Por lo tanto, una vez resuelto el caso, que inicien ahora acciones en contra de esta decisión y que exijan daños y perjuicios es lo menos que pueden hacer ante semejante disparate. De entre todos los despropósitos que este asunto ha necesitado desarrollar para llegar a la conclusión de que la niña era maltratada, destaca con diferencia el papel que jugó la doctora que dictaminó los malos tratos, que lo hizo desde lejos, mientras la niña jugaba en el recreo, sin auscultación directa y desde lejos, pero para ella eran suficientes sus apreciaciones para deducir que a la menor la quemaban con cigarrillos sistemáticamente. Si a este forma tan especial de diagnosticar se le puede llamar rigurosa, desde luego que no estamos para nada de acuerdo, y más cuando de por medio está la retirada de la custodia a sus padres, detalle de gran trascendencia psíquica para la menor, que en estos momentos padece trastornos de sueño y de estabilidad emocional. Y seguro que se mantendrán por mucho tiempo.

Y menos mal que la justicia finalmente les ha dado la razón al comprobar que las lesiones se debían a una patología dermatológica que padecía la niña, y de la que no se dieron cuenta los profesores ni los médicos que en su momento la atendieron. Los padres, que para más dolor fueron detenidos en el momento en el que se presentó la denuncia, han sido atendidos como merecían por parte de los tribunales y han dejado de padecer, con el rechazo de sus vecinos incluido y el cierre de su establecimiento dedicado a la venta de embutidos en general, lo que ellos llaman un mal sueño. Como siempre decimos, si de un caso tan espectacular como desagradable se obtienen enseñanzas desde la que evitar que vuelvan a producirse, al menos habrán servido de algo.