viernes, 17 de mayo de 2013

NUEVAS NORMAS PARA EL USO DE LA BICICLETA

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La decisión de la Dirección General de Tráfico, de incorporar, entre otras exigencias, el uso del casco en las bicicletas incluso en ciudad, sigue su camino. Por el momento podemos decir que ha obtenido variados apoyos y propuestas, aunque destaca de entre todos el que parece que saldrá adelante la propuesta en poco tiempo. Entrando en detalles, el sí o el no de este elemento en la cabeza de los usuarios de las bicicletas la basan desde Tráfico en el hecho de que a lo largo del año se controlan al menos quince fallecidos a causa de caídas del vehículo y los correspondientes e inevitables golpes en la cabeza. De hecho, los usuarios de estos vehículos que cayeron y que sobreviven, lo hacen en unas condiciones muy limitadas de movimientos, ya que del resultado de las lesiones que se produjeron, muchos se encuentran en situación de absoluta dependencia.


Esta es la realidad y hay que aceptarla tal y como se desarrolla entre quienes han elegido la bicicleta para moverse por la ciudad o para desplazarse a distancias relativamente cortas, además de los que la utilizan para hacer deporte. Hoy más que en ningún otro momento se ven más ciclistas y por cualquier zona de las ciudades y de las carreteras, lo que quizá influya y sea determinante en que el número de accidentes sea mucho mayor del esperado y las consecuencias que se derivan de éstos también más importantes. 

Por supuesto, existen dos bandos perfectamente definidos alrededor de este asunto. Para unos, ponerse el casco es un seguro de vida demostrado y por lo tanto optan por su implantación. Para otros, que lo rechazan de plano, que son antiestéticos, que dificultan el pedaleo, que es una carga inútil y que los aceptarían solo en carretera y nunca en ciudad. Quienes han trabajado sobre este asunto desde perspectivas profesionales, porque debemos entender que antes de proponer el uso del casco los técnicos de Tráfico se han documentando suficientemente, aducen que las bicicletas son vehículos muy débiles, que sus usuarios caen al suelo en cuando son tocados mínimamente y que estas caídas suelen tener consecuencias muy graves, cuando no la muerte.

Y como está revisado, como ha sido milimétricamente evaluado y como lo que se quiere es un tráfico más seguro, apoyarían decididamente su implantación. Los que están en contra es verdad que no están solos, porque los fabricantes ven en esta obligatoriedad la pérdida de mercado por la incomodidad que supone su uso en desplazamientos cortos por ciudad.

Tampoco faltan los que se basan en el mal uso que se hace de este vehículo por parte de  la mayoría de sus conductores, desde el desconocimiento de la circulación y sus normas hasta que por cualquier calle circulen menores entre los coches aparcados, las aceras, etc. Como ven, a todos les asiste lo que creen es su derecho y por el que estarían dispuestos a reconducir incluso sus formas de usar la bicicleta. Pero parece que no va a ser sencillo, ya que todo indica que los pasos que está dando la Dirección General de Tráfico, al basarse en la ciencia y no en opiniones más o menos interesadas, le abren el paso en todos los estamentos sociales y políticos a los que acude en busca de apoyo. Por el momento se encuentra a la espera de pasar el filtro de la comisión del Congreso relacionada con el tráfico, que será la responsable final de aprobar, no solo el uso del casco en las bicicletas cuando circulan por las ciudades, sino un buen número de novedades de las que hemos venido hablándoles desde hace tiempo.