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La
dinámica electoral a la que estamos sometidos todos no ceja en su
empeño de mantenernos al día de todo lo que hacen, piensan y
deciden los candidatos. Y están todos, porque habrán comprobado que
nuestra ciudad, al menos para las cosas de la política, parece que
cuenta como una ciudad de primera. Para lo que de verdad necesitamos
no, para reparar lo que ellos o sus partidos han roto a lo largo de
los años, no parece que tengan intención alguna. Vaguedades propias
de quienes vienen aquí a contarnos lo que tienen previsto realizar
en cuanto toquen poder y poco más. Consecuentemente, han vuelto a
salir problemas o demandas de siempre, como es el caso de los
trabajadores de la FUA, o el famosísimo parque tecnológico
Innovandújar, o el río o la industrialización que tanta falta nos
hace. En realidad, no saben de lo que hablan cuando se proponen ser
próximos, pero sí que cuentan con un equipo magnífico de
informadores que, a su vez, reciben datos de sus compañeros de
partido en nuestra ciudad, que son los que los ponen al día de todo
tipo de detalles, con énfasis especial en aquello que debieron hacer
los que han mandado hasta ahora y que no han realizado después de
muchos años de demandas.
Luego
está lo del empleo, que para eso no es necesario que nadie les eche
una mano. Se lo saben de memoria y de memoria también lo refieren en
el tono que los presentes en mítines y reuniones intuyan que están
dispuestos, a costa de su propia vida, a acabar con tanta desgracia
ajena. Ocurre, no obstante, que de esta clase de anuncios o promesas,
cuanto antes lo sepan mejor, estamos un poco hartos. Este fin de
semana, el señor Rajoy, luego de afirmar, en una primera entrega
realizada hace quince días, que su Gobierno crearía en Andalucía
seiscientos cincuenta mil puestos de trabajo, el sábado subió hasta
el millón como si tal cosa. Antes, en plena campaña general, el
señor Pons vino a decirnos que su partido ofrecería tres millones y
medio de empleos. Y remachó: porque el Partido Popular es
especialista en la creación de empleo. Bueno, pues que se den prisa
porque es evidente que no solo no han generado esos trabajos, sino
que la estadística nos dice que se han perdido casi trescientos mil
desde noviembre de 2011.
Luego
está lo de la corrupción, que viene siendo el caballo de batalla de
debates y denuncias entre partidos, como si no tuvieran que guardar
silencio los dos mayoritarios, que están hasta las trancas. De
hecho, raro es el día que, ya de amanecida, no conocemos otro caso
de corrupción que llevarnos al desayuno. Pero siguen en la brecha
quizá convencidos o alentados por sus asesores de que es ahí donde
duele y ahí donde se debe hacer daño, porque no parece que el resto
de la campaña les esté resultando del todo positiva. Así, lo
normal es que mañana volvamos a hablarles de lo mismo, de que los
candidatos a la presidencia de la Junta de Andalucía se han vuelto a
enzarzar en acusaciones más propias de niños en patio de colegio
que de personas que quieren regir nuestros destinos y, además,
hacerlo bien.
Es
muy probable que las diferentes encuestas que se vienen
confeccionando desde que se convocaron las elecciones sean las
causantes de tanta tensión y enfrentamientos. Se entiende que ven el
futuro más bien negro y de ahí que aprieten el acelerador en busca
del voto de los indecisos, que, por si les sirve de algo, aún se
mantienen a la espera de ver cómo evolucionan y son legión. Desde
luego, la tarde-noche del domingo será decisiva para nuestro futuro
y eso es lo que nos debe importar. Luego ya se encargarán ellos y
ellas de volver a sus cuarteles a velar las armas, y a partir de ese
momento echar mano con firmeza al timón de la esperanza y conseguir
para los andaluces un futuro esperanzador.