jueves, 26 de noviembre de 2015

COMO NO TIENEN ABUELA…

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Si en todo momento debemos ser conscientes de que buena parte de la clase política, incluidos los partidos (decir todos sería injusto, porque entre ellos y ellas existen excepciones), se han especializado en la mentira como oferta real de sus compromisos, en momentos electorales como los actuales la cosa se complica porque se hinchan como globos playeros. Los escuchamos contarnos sus deseos para la sociedad de la que forman parte, lo que han realizado hasta ahora y lo que tienen previsto desarrollar en poco tiempo o los esfuerzos que han debido hacer para sacarnos del atolladero que los anteriores les dejaron, que, sinceramente, no llegamos a entender cómo están vivos. Las exigencias, según ellas y ellos, en las que se desenvuelven superan con creces cualquier otra actividad que desempeñe un trabajador, incluidas tales como las agrícolas, las mineras, el transporte de mercancías o las que tienen lugar en el mar. Lo suyo es lo complicado, lo exigente, lo que de verdad agobia, aunque luego, como todos sabemos, la mitad de ellos y ellas se limitan a pulsar el botón de el sí o el no de los parlamentos o del senado y congreso que les pide su partido. Dicho esto, lo lógico es que la percepción real que tenemos desde fuera es que su trabajo lo hace cualquiera: por sencillo, por intrascendente y de escasa responsabilidad.

Naturalmente, las cosas no son lo que parecen, pero tampoco vamos tan descaminados, no crean. Así las cosas, el que en sus mítines o ruedas de prensa utilicen frases más o menos lapidarias e impactantes, promesas sin límite y artimañas varias con el objetivo de mantenerse en situación tan privilegiada otros cuatro años, tampoco debería extrañarnos. Y no se trata solo, atención, de lo que cobran, que a nosotros nos parece suficiente, sino de las posibilidades reales que tienen de enriquecerse si quisieran, porque sospechamos que las presiones que deben recibir a diario por parte de los que andan vendiendo todo tipo de artículos al mejor postor, los acosarán e intentarán comprar su voto a cualquier precio. De eso sabemos, mire usted por donde, porque nos lo han puesto en bandeja: solo hay que acercarse a la realidad de la política española para enterarnos de que en este o aquel ayuntamiento, en este o aquel ministerio o dirección general se han descubierto asuntos turbios en los que están implicados funcionarios o políticos de todas las categorías y responsabilidades. Al señor Bárcenas lo dejó pequeño el señor Granados y su socio Marjeriza, de los que aún están sacando trapos sucios y que el total de su aventura dedicada al robo de dinero público supera los cien millones de euros.

Por todo lo que les contamos, atención con lo que se nos viene encima. Las épocas electorales traen consigo la aparición de personas dedicadas a la política no por vocación y sí por intereses económicos. Así, si los albañiles, los periodistas, los médicos, los panaderos o los vendedores están obligados a presentar sus currículos, mostrar su experiencia y estar dispuestos a trabajar por una miseria, entenderán que nuestros protagonistas luchen con todas sus fuerzas por conseguir un puesto en cualquiera de los lugares en donde el trabajo resulte tan cómodo y seguro, al menos durante el tiempo convenido. Es más, con un poco de suerte, luego de una tarea dedicada por completo a buscarse apoyos dentro de sus respectivos partidos, la cosa puede ir tan bien que su duración sea como la de un contrato indefinido de los de antes. Desde luego, por el momento no conocemos empresa que pague mejor, que nos haga trabajar tan poco y que sea capaz de escamotear nuestra personal incompetencia. ¡A ver, son como niños!...