lunes, 16 de noviembre de 2015

EL ESTADO ISLÁMICO, CADA VEZ MÁS CERCA

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A un mundo tan endiabladamente convulso como el nuestro solo le faltaba la incorporación del Estado Islámico para acabar de quitarnos el sueño. Tanto odio, tanto horror en tan poco tiempo, sinceramente no estábamos preparados para soportarlo o sobrellevarlo con algo de dignidad. Alrededor del mundo islámico, primero fue Al Qaeda, que puso el listón lo suficientemente alto como para no imaginarnos siquiera que apareciera otro de parecidas características con ganas de rendir a sus pies al resto del mundo, que no otra cosa parece que persiguen las actuaciones y políticas que estamos conociendo. ¿Quién les iba a decir a los asistentes al partido de fútbol entre Alemania y Francia, en el estadio de San Denís, en París, o a los que acudieron a ver de cerca a su grupo de música favorita en una discoteca de la capital francesa, que el final sería tan dramático como hoy sabemos, con tantos muertos y tantos heridos graves contabilizados? Esa es su gran baza, como lo fue para Al Qaeda, la traición y el horror, el fusilamiento indiscriminado de quienes no tienen responsabilidad alguna sobre lo que deciden sus políticos y las políticas que encabezan.

De hecho, lo que ocurre en estos momentos con respecto a este grupo de locos y el resto del mundo tiene una macabra relación de la que ahora nadie responsabilizarse y que, por si fuera poco, aumenta por segundos. ¿A nadie le dio por pensar que los países islámicos invadidos, sometidos, en donde hemos pasado como hormigoneras asesinas, permanecerían callados sin tomar iniciativas del tipo del Estado Islámico? Evidentemente, se equivocaron. Ahora sabemos con quién nos la jugamos y cuáles sus intenciones, porque recuerden que lo de detenerse a recapacitar no pasa por sus planteamientos. Al contrario, mantener el ímpetu y la pasión que ponen en lo que hacen forma parte de sus principios más arraigados y, en cuanto a su capacidad para atraer a jóvenes de todo el mundo para su causa, nadie lo pone en duda. Dicho esto, y teniendo en cuenta que desde hace tiempo venimos escuchando el nombre de nuestra tierra y especialmente el de dos ciudades de la importancia de Córdoba y Granada, que guardan entre sus tesoros un pasado islámico extraordinario, ojalá que entre nuestros políticos se entienda que estamos preocupados, que tememos lo peor y que bueno sería que comenzaran, si no lo han hecho ya, a plantear políticas que eviten las consecuencias que pueden venírsenos encima por esta causa.

Lo de islamizar al mundo, que ya saben es un sueño compartido entre sus militantes, está claro que es irrealizable, pero lo de atacar sin más y indiscriminadamente a Andalucía y sus habitantes no parece tan difícil, y las muestras que podemos presentar como contundentes para que alguien nos escuche y tome las decisiones adecuadas, tampoco. El Estado Islámico, como Al Qaeda en su día, ya ha tenido tiempo para dejar constancia pública de su capacidad y no parece descabellado que nosotros nos preocupemos por lo que pueda pasar, que desde luego tampoco sería una locura. Los dolorosos acontecimientos de este fin de semana ojalá sirvan de algo más que para llorar el fallecimiento de tanto inocente.