martes, 16 de febrero de 2016

Y NOSOTROS EN MEDIO

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Lo miremos por donde lo miremos, la realidad española pasa por una actualidad muy descompensada en un momento especialmente crítico para la economía mundial, de la que nuestro país no es ajeno, y un buen ejemplo de lo que les decimos es la mala situación de la Bolsa. A todo esto, por aquello de echarle algo de inquietud añadida a lo que vemos a diario, nos enteramos de que Esperanza Aguirre, un peso pesado de la política española y presidenta hasta el pasado fin de semana del Partido Popular de Madrid, ha decidido dejar la presidencia y dedicarse a su tarea en el Ayuntamiento de la capital del país; a ésta debemos sumar la del anterior presidente, Ignacio González, que lo hizo hace dos semanas, suponemos que presionado por las noticias sobre corrupción que corren a su alrededor, destacando la tela de araña en la que se desenvuelve el apartamento que posee en Estepona, que todavía no ha podido demostrar su procedencia con certeza judicial. De acuerdo con los mentideros políticos de la capital, todo indica que a la presidenta de los populares en Madrid se le ha atragantado la inspección que realizó la policía el pasado jueves a la sede de su partido en busca de información que condujera a lo que suponemos necesitaba el juez del caso. Pero hay más, puesto que a la señora Aguirre parece que le han crecido los enanos de su particular circo y desde hace meses han comenzado a aparecer como setas tóxicas consejeros, secretarios, concejales y otros especímenes a los que la Justicia ha controlado con las manos en la masa. Uno de los más sonados sin duda fue el señor Granados, vicepresidente del PP en Madrid y exalcalde de Valdemoro, y habitual presuntuoso en las tertulias radiofónicas y televisivas de su absoluta limpieza con respecto a cobros en dinero negro o mordidas por comisiones. Hoy, como saben, pasa sus días en prisión a la espera de la confección del sumario que todo indica le condenará a algunos años encerrado.

Por todo esto, con el resto de partidos políticos con asuntos de corte parecido, que nadie se extrañe de que las actuales conversaciones para cerrar un gobierno con capacidad y fuerza suficiente para poner en marcha el país vayan a ser fáciles. Y lo mismo ocurre con la economía, que aunque no faltan los interesados en convencernos de que todo se debe a la inestabilidad política española, y que lo mejor es votarlos a ellos para evitar la ruina, la realidad es que el mundo está convulso en general, que el petróleo, las guerras, las riadas de personas que huyen de sus países en busca de un mundo mejor y seguro intervienen claramente en una actualidad en la que los grandes buscan con ansia gobernar más territorios y más poder. De hecho se habla de recesión mundial, de mercados financieros colapsados, de guerras por venir, de locos lanzando cohetes con cargas nucleares… Y nosotros, España, en medio. Y encima con problemas de estructura política y, sobre todo, de credibilidad entre la ciudadanía, que observa cada vez más convencida de que no se merece lo que está pasando, que están yendo demasiado lejos los partidos políticos en su afán de conseguir el poder a cualquier precio y que no es el mejor camino para salir de la crisis en la que ellos mismos nos metieron.

Para los partidos más perjudicados, que todo es una maniobra perfectamente organizada por los poderes fácticos para quitarles el poder; para los que aún tienen posibilidades o futuro, que la solución pasa por un gran acuerdo de gobierno que permita reanudar los trabajos que nuestro país necesita para volver a la senda de la recuperación, si es que alguna vez hemos estado en ella. De lo que no se oye mucho, quizá porque no se habla de ello, es de la situación tan penosa por la que pasan millones de españoles por la falta de un empleo que les permitiera vivir con dignidad. De esto parece que no interesa mucho el detalle y prefieren los grandes discursos en los que exprimir al máximo sus posibilidades de oradores de primera o de charlatanes de segunda, que de todo encontramos en los atriles. Se impone seguir esperando.