miércoles, 25 de mayo de 2016

LOS “LOBBYS CASEROS”

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Aunque no faltan los que se preocupan o simplemente no están de acuerdo, la realidad es que es bueno para la renovación democrática que la ciudadanía se moje, que entre a los foros y decida intervenir a favor o en contra de algunas de las medidas que ha tomado el equipo de gobierno. Es bueno y sano. También es verdad que no faltan en estos lugares de encuentro de las nuevas tecnologías los que llegan envueltos en telas de Oriente, es decir, camuflados bajo nombres falsos, y se dedican sin más a echar por tierra todo aquello en lo que los demás están de acuerdo. Debe ser que se lleva lo del anonimato o lo de la cobardía, porque todo hay que decirlo: no es lo mismo opinar desde ti mismo que hacerlo bajo una personalidad camuflada.

Se mire por donde se mire, se trata de un planteamiento propio de gente menor, taimada y de escasa personalidad porque no cree ni tan siquiera en sí misma. No obstante, están ahí y forman parte de lo que nos gusta o todo lo contrario, dejando su impronta en forma de opinión contrastada, o al menos esa es la impresión que dan, para luego perderse en añoranzas de jornadas de vinos y rosas que ahora añoran sin control. Y es que eso de disponer de tarjeta de crédito sin fin, de ir y venir con todos los gastos pagados, tener a todo el mundo a tus órdenes y hacer y deshacer como te viene en gana, oigan, esto es muy difícil y lo propio es que se eche muchísimo de menos.

Podíamos decir que, entre nosotros, es lo que nos faltaba para que al vaso no le quepa ni una gota, porque siempre hemos sido pioneros en la crítica y en el menosprecio por todo lo que hacen los demás. Por lo tanto, lo de entrar y salir con nombres falsos en los foros ciudadanos en los que se discute seria y sinceramente lo mejor o lo menos dañino para la ciudadanía, nos va como anillo al dedo. Y cuando descubrimos que era posible incorporarse al grupo con un nombre ficticio por el que nunca ibas a ser descubierto, la cosa tomó características de epopeya. Y en eso estamos, aguantando el tipo y recibiendo críticas nada constructivas a las que no echamos en falta los habituales venenos que expelen semejantes seres humanos cuando de quitarte la razón se trata. En el fondo, pese a quien pese, a nosotros nos gustan estos movimientos, estas presiones ciudadanas, ya que te animan a seguir en tu línea, que, errada o no, es tuya y de nadie más. Eso sí, intentar cambiártela es más complicado, menos sencillo de lo que algunos pueden creer; entre otras razones porque la experiencia, que inevitablemente va ligada a la edad, no te lo permite.


Por cierto, son mayoría los que, envueltos en linos y algodones, disfrutan de su nueva personalidad vestidos del sexo contrario, que no es que esté mal la cosa, sino que a veces, quizá por despiste o desencuentro con la costumbre, se retratan ante los demás, sin ninguna duda, como realmente son. Los que crean que estos de los interneses y los facebooks tienen los días contados, se equivocan. Son puntos de encuentro que, como todo lo que se puede manipular, no dispone de derecho de admisión, lo que anima a incorporarse en busca de incautos convencidos de que todo el mundo es bueno. Entre la gente que usa de estas tecnologías se conoce a estos lumbreras como los “lobbys caseros”, a lo mejor porque viven casi exclusivamente de presionar a los demás. ¡¡Quién sabe!!