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Aunque no se trata de una
técnica a estrenar y sí de un intencionado interés porque sean otros los que
les hagan el trabajo o parte de él, la realidad es que entre determinada clase
política empieza a imponerse la idea de invitar a la ciudadanía a salir a la
calle a protestar por cualquier cosa. De hecho, lo de menos es el objetivo, la
razón, porque lo que de verdad les interesa a estos partidos es meter jaleo,
inquietar porque sí, aprovecharse de la necesidad de muchos de nosotros con
fines políticos. Así, cada vez que tenemos la oportunidad de asistir a la
invitación de algún partido, escuchar la invitación a manifestar nuestra
opinión en la calle es lo que se lleva. Eso sí, las arengas son incendiarias y
animan hasta al más tranquilo de los asistentes, por lo que no es de extrañar
que al menos por ahora el éxito les acompañe allá donde quieran citarse con los
vecinos más quejosos. En realidad, ellos o ellas no acuden; como mucho, algún
compañero de partido de menos importancia mediática es quien se responsabiliza
del desarrollo de la manifestación y de su posterior éxito, porque su papel se
limita exclusivamente a inquietar, a motivar, a animar a salir a la calle.
Luego, ya se sabe, las consecuencias que puedan derivarse de la puesta en
escena en la que hemos participado, que recordemos pueden ser realmente duras
si tenemos en cuenta que en vigor sigue la Ley Mordaza y sus multas son
prohibitivas, las pagan siempre los mismos, y les podemos asegurar que ninguno
de quienes las convocaron. Por eso nos referíamos a esta peculiar manera de
conseguir que irrumpamos en la vía pública con una pancarta en la mano a
reclamar lo que sin duda nos pertenece, porque quienes de verdad se benefician
del impacto mediático que se consigue son ellos, es decir, los que hacen las
declaraciones y aparecen en televisiones y periódicos.