jueves, 30 de noviembre de 2017

DE HELICÓPTEROS Y PARQUES TECNOLÓGICOS

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Despedimos hoy el mes de noviembre de 2017. Si tuviéramos que hacer un recuento de buenas o malas noticias, diríamos que hemos tenido de todo, positivas y negativas, en realidad como siempre, porque en períodos de tiempo de treinta días es evidente que cabe casi de todo. En nuestro caso, desde la buena nueva que anunciaba el gobierno municipal y que venía a decirnos que se mantenían las cargas impositivas de las tasas municipales en los niveles del año pasado hasta las malas nuevas que se imponían alrededor del tema del río y las inundaciones a las que se refieren y que tanto temen los agricultores de nuestra huerta. Asegurar que al final todo sigue igual no debería ser entendido como una denuncia y sí como la consolidación de una situación que nos mantiene unidos a miedos que no nos permiten desenvolvernos como en realidad nos merecemos. Al hilo de esta situación y de la opinión que expresamos, si tenemos en cuenta que nuestra ciudad recibió hace unos años al mismo tiempo una noticia esperanzadora para luego enterrarla a los pocos días, léase Innovandújar, y que, de hecho, supuso un antes y un después para el futuro de todos, y que fue aunque mantenida intencionadamente como arma electoral por muchos años, quizá entendamos lo difícil que es convencer hoy a la calle de que existe futuro, de que se están tomando decisiones, de que se están desarrollando proyectos y de que se está construyendo, con rigor y seriedad, un futuro más real por accesible y realizable.


Si seguimos hurgando en el pasado más reciente, recordamos que la primera bofetada en toda la cara nos llegó en forma de aparatos voladores, de helicópteros que viajaban por todo el territorio nacional con el ministro Montoro a la caza y captura de votos para su reelección. El elenco que le acompañaba y el que lo apoyaba en nuestra ciudad, por aquello de echarle sal y pimienta a la falsa noticia, en una clara demostración de no tener ni idea de dónde estaban, se dedicaron a reclamar del mundo socialista su compromiso a lo largo de años. Tampoco faltaron a la cita los circenses habituales e intrusos en el mundo de la comunicación, que por entonces contaban no solo con el descarado apoyo oficial, sino con bastante predicamento público, que se dejaron la piel e incluso su honor en su intento de convencernos de que los que mentían eran los otros, los socialistas, que por entonces eran los malos de la historia. De hecho, el tema se cerró en falso. Pasaron meses, años, y aún hoy encontramos ingenuos que de buena fe siguen convencidos de que pudo ser, de que no se consiguió porque los de enfrente no quisieron. Se confirma así que una mentira contada mil veces, al final acaba siendo verdad. Lo de Innovandújar, como no interesaba a sus promotores, se dejó dormir el sueño de los justos, aunque nosotros, evidentemente, no debemos estar entre ellos, porque a la vista está. Es más, seguimos sin interpretar correctamente el estado en que finalmente quedó este desagradable caso, ya que la verdad no se conoce. Sin embargo, se hicieron tan mal las cosas, se invirtió tanto dinero público en bagatelas y actos protocolarios con retroexcavadora y canapés incluidos, que entendemos que la ciudadanía pierde una gran oportunidad de conocer a fondo la verdad de un invento que nació vacío y que así continúa, y del que solo conoce el envoltorio de celofán con el que cuidadosamente se presentó en sociedad en un acto que reunió a las fuerzas vivas de la ciudad. A partir de aquí, luego de infinidad de desencuentros con la verdad y la mentira, del cierre de las puertas en donde sabíamos estaban las ayudas para una ciudad necesitada como la nuestra de constantes empujones económicos para mantener su endeble estructura, parece que nos encaminamos, no sin miedo, hacia estadíos más justos y esperanzadores. Ya veremos.